Al tiempo voy yo y una de mis amigas y lo arreglamos con ella, pero la tercera no quiere verla ni en pintura porque es la que más unida estaba a ella y, por lo tanto, a la que más daño ha hecho. Y coge nuestra supuesta amiga y ¿qué hace? Insultarla, llamarla rencorosa por no querer perdonarla. Y a nosotras deja de hablarnos otra vez por la puta cara. Pero, ¿sabéis lo mejor? Que la insulta por Messenger. Al día siguiente vamos a buscarla para hablar las cosas y se nos pone subidita, como si nosotras tuviéramos que ser las que pidamos perdón. Pues, citando a una amiga mía, ¿Sabes lo que te digo? Cómprate un mono y que respete él tus putas decisiones.
Yo estoy harta. ¿Qué tú no tienes interés en hablarme? Yo menos. No me arrepiento de nada de lo que te dije, y más que te tendría que haber dicho pero te fuiste dejándonos con la palabra en la boca COBARDE. Que vas de valiente pero luego... Nada de nada. Y no lamento en absoluto todo lo que ha pasado porque ahora sabemos cómo eres. Una cobarde que se deja llevar por lo que le imponen, incapaz de ser seria ni con las cosas importantes y, lo peor de todo, una cínica que va pidiendo respeto y metiéndose con los demás cuando tú eres igual o peor. Que te vaya bonito guapa. Pero como te vuelva a ver que sepas que yo no me acobardo, que a mí no me importa decirte las cosas a la cara, cosa que te he demostrado con creces, y que te voy a decir todo lo que no me dejaste porque te largaste.
Que sepas que no te mereces nada, ni lo que han dado por tí muchos ni lo que te darán y que no te mereces ni mi odio.
Lo único que tendrás de mí será indiferencia absoluta.
Creo que muchos sabrán de lo que estoy hablando, de esta sensación de decepción. Y a los que no hayan experimentado esto sólo os diré... Bendita ignorancia.

